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jueves, 13 de agosto de 2015

SIN TI


   Hay una sirena en mi corazón que decide cuando puedo amarte, sin saber que tras ella hay un monstruo inmortal capaz de aniquilarla y conseguir, de esa manera, convertirme en un muñeco moribundo hundido en las profundidades cuando estoy sin ti.

sábado, 25 de julio de 2015

DONDE LOS CABALLOS SUEÑAN




   Existe un lugar donde al caer el sol y con las primeras luces de luna, el mundo conocido se convierte en algo distinto. Allí la fiesta y la alegría se desbordan a orillas del más azul y cristalino de los mares. La música proviene de las criaturas nocturnas que invaden la blanca arena llenando de gozo hasta el más recóndito rincón.
   En ese lugar, en el sitio donde las manadas de caballos liberan sus espíritus y cabalgan felices entre las olas, fue donde te conocí, donde me enamoré y donde perdí mi corazón.
   Entre relinchos, trotes y aroma animal, la melosa cadencia de las ondas del agua y el sabor de tus besos, nunca regresé entero  mi hogar, pues en el lugar donde los caballos sueñan, yo desperté para encontrar en tus ojos la perdición.

  No diré nada más, tan solo un “te quiero”,  que el infinito sabrá entregar a la princesa de mis desvelos y que ella guardará para olvidar.

lunes, 6 de julio de 2015

BAILARINA


   La niña despertó de su sueño con una gran sonrisa de satisfacción. Había vuelto de su enésimo viaje al mundo de sus deseos con la certeza de saberse feliz. Allí ella era la reina.
   Su madre la miró y una mueca de complicidad se dibujó en sus labios.
— ¿Has estado allí? —Le preguntó a su hija.
—Si —Contestó con un brillo especial en sus ojos.
— ¿Has bailado? —Insistió la madre.
—Y  cantado, reído, jugado… ha sido alucinante mamá —Su mirada trazó un haz de esperanza que heló la sangre de la mujer— ¿Podré volver?
—Siempre que quieras. Esta allí para ti… por ti —Un nudo en el estómago le produjo un dolor en el corazón— Podrás ir todas las veces que quieras— Le dijo acariciando su pelada cabeza.
   Después de unos de segundos de silencio la niña susurró:
– ¿Y tú estarás triste?
—No —mintió tragándose la dolorosa verdad—, ya que sabré que estás allí.

   Dos días después la niña viajó, para no volver, al mundo de sus deseos y se convirtió en la bailarina bajo la lluvia más querida del universo.

   Su madre, mientras tanto, entregaba el cuerpo sin vida de su hija al infinito y grababa a fuego   en su epitafio “Baila por siempre, mi pequeña bailarina”.

sábado, 20 de junio de 2015

DIMELO CON GLOBOS



Desde hace tiempo te escribo infinitas cartas de amor. Extensas y empalagosas palabras que no hacían más que ahondar en el dolor de mi alma, esas que se convierten en lágrimas nacidas del ayer para olvidar un mañana o sensaciones grabadas a fuego que jamás se marcharan. Son penas marcadas por la ausencia de tus besos. Son…no sé que son.
   Como una huida de almas hacia el cielo todas y cada una de mis oraciones cuelgan de un globo. Se elevan al infinito llevándose mi corazón, mi fuerza, mi ilusión. Cada una de esas misivas llevan un trozo de mí y un mundo de ti, recordando tus ojos, tu sonrisa y tu forma de reír. En ellas se aleja mi vida, pues en cada bola multicolor hay una dulce e irrepetible imagen de ti.
   No sé dónde estás, pues el día que te fuiste callaste tu destino en el eterno sueño, dejándome huérfano de futuro y vacío de amor.

   Te quiero y de los cientos de globos que pueblan el cielo, alguno llegará hasta tu corazón allá donde estés, y donde Él te esté cuidando, para que sepas que pronto estaré contigo.

viernes, 5 de junio de 2015

PUESTA DE SOL




   Hoy es la noche perfecta. El escenario ideal. Los sentimientos a flor de piel. Hoy el corazón expulsará lo que por tanto tiempo ansió liberar y tú serás quien lo provoque.
   Todas las puestas de sol que hemos contemplado juntos no tienen igual con esta pues, a pesar de mis dudas al respecto, has acudido a mi encuentro.
   Observamos, como tantas otras veces, apagarse el sol en su lento descenso al horizonte y el reflejo del espectáculo en la calma del lago. Escuchamos el canto de las aves nocturnas y el silencio del  bosque. Sentimos nuestra respiración y dejamos que los pensamientos vuelen.
   Sentados en la ladera de la colina, con tu cabeza apoyada en mi hombro y mirando la inmensidad del momento, comprobamos que la magia del momento nos conquista.
   Beso tus manos y me dejas hacer. Las acaricio con delicadeza esperando el final de la exhibición. Eres preciosa y las estrellas, conocedoras de tu belleza, aparecen para hacerte la corte. La luna, envidiosa, tan solo se muestra a medias. Ya no contemplo la puesta de sol. Ya no.
   Ahora, después de innumerables veces sentados en esta ladera contemplando la más maravilla demostración de la naturaleza, lo hacemos de forma especial. Ahora, y después de entregarnos el uno al otro, lo hacemos como pareja.

   La manada aúlla, es hora de irnos.

domingo, 31 de mayo de 2015

UNA IMAGEN




   Así te recuerdo yo. Preciosa, dulce, enamorada. Entregada sin miramiento a la pasión de tu corazón y dejándote llevar por las rutas descontroladas de tus sentimientos. Saboreando los tiernos labios de un amor encontrado por casualidad un día de sol.
   Esa es la imagen que de ti conservo. Sin rubores ni vergüenzas. Dejando a un lado las miradas y pensamientos de envidiosos que desaprueban tu conducta lasciva, calenturienta y obscena. Obviando los reproches de aquellos que no entienden, ni lo harán nunca, el poder infinito de un destino seducido.
   Un banco del parque es el sitio ideal para un amor escandaloso, donde la pintura en la que estás sentada a horcajadas sobre tu desatada pareja nos muestra un tórrido encuentro donde las bocas se buscan, se muerden y se desean sin control. Las manos que se esconden bajo tu pelo, la que se oculta en tu falda para provocar ese gemido que te delata. No hay tiempo ni espacio. La gente ha desaparecido y solo existes para este desmesurado y peligroso amor. Todo carece de importancia. Todo excepto los latidos de tu corazón.

   Así te recuerdo yo. Como la Diosa del amor inalcanzable entregada a un mundano y profano acto más típico del vulgo. Mi pulso se acelera… o lo haría si tu amante del parque fuese yo.

domingo, 17 de mayo de 2015

LA FÁBULA DE LAS TRES HERMANAS




   Cuenta la leyenda de una comarca muy lejana que, en uno de los valles que forma un gran río al paso de las enormes montañas, vivían tres hermanas en una pequeña casa en la ladera de una verde colina.
   Todos los días las tres hermanas salían a jugar con sus cometas de extrañas formas y colores, creadas por ellas mismas, llenando toda la pradera de risas y alegría que el viento transportaba hasta cada rincón del lugar colmando de gozo el corazón de aquellos que las conocían. Hasta que un día no volvieron a jugar.
   Algunos dijeron que las niñas habían crecido y se habían marchado. Otros que nunca habían existido nada más que en sus sueños y anhelos. Los menos, que algo siniestro les había ocurrido. Se formaron partidas de búsqueda para localizar su casa y a las niñas pero fue en vano. Nunca las hallaron.
   Pasaron los años y la fabula de las tres hermanas se comunicó de generación en generación sin variación alguna, para que nunca nadie olvidara la existencia de aquellas niñas. Y todos los años, con los primeros rayos de sol de la primavera, desde lo alto del valle, bajan los sonidos de risas y alegría de las niñas, aquellas que nunca encontraron.

   Tan solo una vez descubrieron, en una ladera verde, tres cometas de extrañas formas y colores.

domingo, 10 de mayo de 2015

LA PARADA DE AUTOBÚS

   Había salido de trabajar traspasada la medianoche y el último autobús aún no había pasado por mi parada. Me senté en el banco de la marquesina y ante el silencio imperial de la solitaria calle me quedé traspuesto lo que me parecieron unos segundos, o eso pensé yo. Cuando desperté el mundo que conocía había cambiado.
   Ante mi asombrada estupefacción me encontraba en un escenario con claro sabor victoriano, como si la revolución industrial hubiera sucedido hacía poco tiempo. Paralizado vi pasar un tren con una locomotora que despedía humo por su enorme chimenea. Comprobé que las farolas eran llamas provocadas por algún tipo de aceite. Las calles empedradas, que estaban sembradas de postes de luz que llevaban corriente a las casas de la zona, despedían un hedor a estiércol de caballo y extraños efluvios indefinibles.
   En la marquesina donde estaba sentado había un espejo donde vi mi reflejo, aunque estaba totalmente diferente. Llevaba un extraño bombín negro, una camisa blanca con corbatín negro, un chaleco marrón, una chaqueta tres cuartos de color claro, unos pantalones oscuros y unos botines negros.
   Una mano enguantada me agarró del hombro y me provocó un sobresalto. Ante mi estaba la más dulce mirada que hubiese contemplado jamás. Unos ojos verdes enmarcados en una cara perfecta que estaba cubierta por un gracioso sombrero que cubría una castaña melena recogida.
— ¿Se encuentra bien? —Me dijo una exquisita voz.
   Y al pestañear para desperezarme de la sorpresa la magia Victoriana se esfumó. Regresé a mi mundo, mi época y mi realidad.
—Si —La sonreí—, perfectamente.
— ¿Seguro? —Insistió.
—Seguro.

   Y no de muy buen grado se alejó con su carro para seguir con el trabajo que la veía hacer todas las noches.

UN DÍA DE CAMPO



   La imagen que daba aquella familia se podía atribuir a cualquier domingo soleado de los viejos tiempos. Caminaban por el sendero que bordeaba los campos de cereales cantando, jugando y riendo.
   El sol calentaba de manera suave y ninguno dejaba de mostrar su felicidad por su inesperada excursión. La niña tiraba del carro de madera en el que iba sentado un extasiado pequeño al que seguían sus dos hermanos mayores que, en un alarde de caballerosa elegancia, le regalaban un ramo de flores a una bella mujer que esta aceptaba sonriente.
   Pero ahí terminó la imagen.
   La mujer despertó y las lágrimas brotaron de sus ojos.
—Ha sido conmovedor —le dijo una voz metálica—. ¿Un recuerdo?
—No le interesa —contestó cortante ella.
—No hace falta que lo sepamos. ¿Cumpliste la misión?
—Sí.
— ¿Murieron todos? — Y como ella permaneció callada unos segundos de más, añadió la voz en tono exaltado— ¡¿MURIERON TODOS?!
—Sí.
—Perfecto. Puede marcharse. Ahora nada nos detendrá.

   Minutos más tarde salía por el vestíbulo de un enorme edificio de hormigón a una metrópoli completamente robotizada e industrializada. En un coche le esperaba un hombre que la besó en cuanto subió al vehículo.
— ¿Lo saben?
—No. Creen que os maté en aquel campo.
—Bien  —sonrió él—. Mis hermanos mayores se alegrarán de la noticia. Ahora podemos empezar la rebelión. Vayamos a casa mi hermana nos espera. Te quiero —Y la volvió a besar.

—Y yo — Le contestó ella.

viernes, 10 de abril de 2015

EL PUENTE DE PLATA



   Ahí estaba yo, enfrentado sin remedio al siguiente paso que las letras de aquella antigua leyenda me habían llevado a dar. Sobrecogido ante la inmensidad de la  magnánima construcción que se alzaba frente a mis ojos, contemplaba, con el pulso acelerado, la mística y mágica presencia de las dos imponentes criaturas que se erguían en su comienzo. Al fondo del impresionante Puente de Plata, se encontraba la Puerta del Infierno, donde mi alma debía entrar, aunque primero tendría que recorrer el afiligranado y sobrecargado sendero solventando cada una de las pruebas que en él se describían.
   Después de vencer aquella colección de obstáculos y peligros, mi espíritu se verá reflejado en los ojos del infinito y caerá en el abismo del olvido de donde no debió escapar.

   Soy Xiang Hu, reencarnación del primer morador y vigilante del Puente de Plata. Mi alma cruzó al otro lado sin permiso y ahora se verá sometida al castigo eterno de regresar al infierno por el camino del dolor.

jueves, 26 de marzo de 2015

LA MANSIÓN DEL ÚLTIMO ADIÓS




Recuerdo las sombras de un húmedo pasaje,
Con sabor añejo de tiempos grises
Y melancólicas noches de luna salvaje.

Recuerdo besos de amor clandestinos,
Silenciosas palaBras de pasión,
Caricias furtivas que eran prisión
De unas vidas de perdición.

Recuerdo los muros de un maldito lugar,
Una morada de ocultos placeres,
Donde hubo vigilias de horribles dolores
Causados por la lujuria que allí fui a encontrar.

Recuerdo la mansión en un reflejo.
La escucho en el silencioso llover.
Su siniestra silueta llena de poder
Allá donde siempre voy a caer.

Recuerdo la última vez en tus brazos
Y lloro cuando entiendo el caos
Que sembraste en todos mis versos.



Recuerdo el último adiós,
El fin de una mágica ilusión.
Y sangra sin medida mi corazón,
Cuando despierto tirado en el callejón
Donde tu recuerdo me dejó.

Recuerdo la mansión del último adiós,
Donde me regalaste la muerte
Después de amor, por siempre, jurarte.


lunes, 16 de marzo de 2015

DENTRO DE TU CHOCOLATE

   La única imagen que recuerdo es la de tus manos, con las uñas pintadas de negro, mojando de manera pausada los churros en el chocolate de tu taza. No hay más. Solo eso. Una taza, una cucharilla, un plato con más de esas delicias y el ticket con la cuenta. El resto lo borraron, al unísono, tu sonrisa y el brillo de tus ojos. No quedó razonamiento ni sensatez,  solo locura.
   Cuando años después desperté, me preguntaron por los sucesos de aquel tiempo y, con la mirada perdida en los recuerdos más felices, y a la vez efímeros, de mi vida, solo pude sonreír y dejar que el poder de aquel inmenso amor saliera al exterior y dejara libre mi corazón.
   Tus besos y caricias quedarán para siempre guardados en el rincón secreto de mi alma. Tus rizos, risas y guiños, serán los tesoros que de ti me quedé y que a ti me llevarán.
   Esa imagen irreal me transformó, más nunca volví a ser aquel ignorante al que enamoraste para siempre y que no puede desandar el camino.

   Dentro de tu chocolate podría vivir o morir, pero cada vez que intento recordarte me asalta la estampa de tus manos de uñas negras, tu sonrisa y el brillo de tus ojos, y solo veo locura en forma de mariposas tristes.

sábado, 7 de marzo de 2015

UNA HABITACIÓN EN LA HABANA




—¿Qué te ocurre? —le preguntó su amiga.
—Nada —respondió—, solo nostalgia.
—¿Nostalgia? —se extrañó la otra.
—Solo son recuerdos que me han venido al ver este cuadro —Aclaró ella—. De cuando llegué a este lugar.
—¿Buenos o malos?
—De mi luna de miel.
   Las imágenes se sucedieron en su cabeza y la secuencia de lo que allí ocurrió hizo que un dolor, en apariencia olvidado, regresara a su corazón. Un pesar insoportable que caía sobre ella como una losa de hormigón acrecentando su agónica sensación de culpa y devolviéndole a la realidad de unos actos que destruyeron toda su felicidad.
   La pintura mostraba una sencilla calle de casas bajas de madera, de colores vivos, con porches al sol y la incesante melodía del son cubano a punto de ser escuchada en cualquier momento. Era un recordatorio de sus pecados. La escena de una cruel infidelidad y un horrendo desenlace.
   Una lágrima apareció en sus ojos.
—¿Zaira?
—Tranquila —suspiró—, estoy bien. Vámonos.

   Y ambas amigas salieron de aquella habitación en La Habana.

lunes, 2 de marzo de 2015

LA IMAGEN




— ¿Qué ve en esta imagen?
—A Darth Vader —contestó al instante.
—Bien —la doctora ni pestañeo—, aunque es curioso.
— ¿Curioso?
—Sí, curioso. Llevamos una hora y media mirando manchas en las que usted solo ve personajes de Star Wars. Parece más un loco de la saga que un asesino.
— ¿Y qué quiere que le diga? —se encogió de hombros.
—La verdad. Para que pueda evaluarlo.
—De acuerdo, lo intentaré.
—Bien. ¿Qué ve en esta imagen?
—A usted desnuda y atada —Respondió  con mirada inquietante.
—Así no adelantaremos nada —la voz de ella sonó inquieta y nerviosa.
—ja,ja,ja…, no se enfade doctora — Y la abrazó.
—De esta manera no me ayudas nada —se deshizo de la carantoña—. Tengo el examen a primera hora y tú solo piensas en sexo.
—No te enfades cariño, es que estoy cansado.
—De acuerdo —sonrió ella—, uno rapidito y seguimos con esto.
—A sus órdenes doctora— contestó él abalanzándose sobre ella.




sábado, 21 de febrero de 2015

EL ÁRBOL DE LOS 24 MONOS. VERSIÓN 3




   Los gritos de los niños irrumpiendo en la habitación me arrancaron de cuajo de aquel extraño sueño. Mientras hablaban de manera atropellada ambos,  mis recuerdos se teñían con el verde de unas hojas que conformaban la frondosidad de un árbol plagado de monos. Estos, como en una mala comedia de serie b, parloteaban sin parar de cómo conseguir la vida eterna y, cuando el más anciano de ellos iba a hablar, entraron los niños gritando y arrancándome dos años de vida con el susto.
   Ahora, sentado en la cama con mis dos pequeñajos hablando nerviosos de la excursión al  centro de animales,  no lograba borrar de mi mente la mirada de aquel simio sabio, ni las posibles palabras que no llegó a pronunciar.
—…24 monos —Dijo mi hija.
— ¿Qué has dicho? —le pregunté.
—Que tenemos que ver el Árbol de los 24 monos.
— ¿Y eso por qué? —Insistí yo.
—Porque  si caminamos por él siguiendo las indicaciones, al final el mono sabio te dará un gran consejo —contestó ella risueña.
— ¿Un consejo? —me extrañé.
—Si papá. Un consejo. Y a ti te podría dar la receta de la vida eterna…—y cuando se rió de manera psicópata y escalofriante, me desperté para ver que, como hacía más de un  año, seguía en mi celda del manicomio.


EL ÁRBOL DE LOS 24 MONOS. VERSIÓN 2


   Sentado en el diván, con la mirada perdida en el mural de aquel dichoso árbol lleno  de monos, esperaba la entrada en la habitación del doctor. Sus pensamientos pasearon por cada una de aquellas ramas contando todos y cada uno de aquellos animales. Grandes y pequeños. Altos y bajos. Gordos y flacos. Hasta completar 24. Al pie del marco, en la zona izquierda de la base, una frase le intrigó.
   “24 monos sobre un árbol. 24 vidas para uno solo”
—Los nativos de una región remota de la India lo llaman “El árbol de la reencarnación” — Le sorprendió una voz de mujer —. Según ellos, cada ser vivo en la tierra disfrutará de 24 vidas distintas durante su existencia, para morir en paz cuando las agote. Soy la doctora René —le sonrió.
—Yo…, solo estoy aquí porque me lo ordenó el juez —Contestó con los grilletes en la mano—. Cree que me volví loco y que maté a mi hija.
—Para eso es esta sesión. Ahora relájese y piense en el árbol.
—Doctora…—sonrió con una extraña expresión.
— ¿Si? — le miró intrigada ella.
—Yo maté a mi hija —Y se abalanzó sobre la mujer, libre de las esposas, para estrangularla mientras en su cabeza la algarabía, los gritos y el escándalo de dos docenas de monos le recibían para llevarlo al extremo de su locura. Cuando terminó, se sentó ante el dibujo y contempló como uno de los monos había caído al suelo.


EL ÁRBOL DE LOS MONOS 24 MONOS. VERSIÓN 1



  Me desperté desconcertado, con el sentido de la orientación perdido. La boca reseca y pastosa. La visión borrosa, con una extraña figura intuyéndose de mala manera. Un vacío en el recuerdo que me hacía dudar de donde estaba, donde había estado y donde querría estar. El sentido del habla amordazado. Los brazos como bloques de plomo y las piernas como piedras de granito.
   Cuando la nube en mi mirada se disipó, mi mente reaccionó a lo que mis ojos le mostraban y su sorpresa paralizó mi intoxicado pulso. Ante mi había un árbol dibujado a mano alzada, como dibujado por o para un niño. Un sudor frío recorrió mi frente y espalda. No quería saber nada. No debía saber nada.
—Hay 24 monos —Me asaltó una voz femenina y el infarto casi aparece en mi pecho—. Los dibujó tu hija el día que te fuiste de casa —Mi mujer, mi ex, mi…—. Anoche fuiste una máquina —me dijo acariciándome el pecho—, pero debes volver.
— ¿Volver? —Contesté anonadado.
   Su risa me erizó el pelo. Su mirada heló mi razón.
—Estoy muerta —habló con maldad en la mirada—. Me mataste delante de tu hija y ella se volvió loca. Debes volver y salvarla. Rescátala de su infierno o ella te llenará tus noches de monos…

—¡¡¡Nooooo!!! —y desperté, como todas las noches, en el camastro de mi celda. Ese que tenía las paredes forradas con dibujos de árboles y monos mandados por mi hija.

miércoles, 4 de febrero de 2015

DELICIAS DE AMOR




   Cuando entró en la cocina y vio el cuenco lleno de frutos rojos, se le escapó una tonta sonrisa. La punta de la lengua jugó con los labios en una clara expresión de morbosidad. Sus manos libraron a sus pies de los zapatos de tacón alto, mientras dejaba vagar su mente por la dulce sorpresa recibida. Ella sabía de sobra que aquellos frutos no eran afrodisíacos, pero la simple intención había provocado el despertar de sus fantasías más locas.
   Salió de la estancia y subió las escaleras despacio, desnudándose de manera coqueta a la vez que en su imaginación las imágenes se sucedían lujuriosas una detrás de otra. Cada beso, cada caricia y cada muestra de erótica perversión, iban calentando y mojando su cuerpo. Su precioso y voluptuoso cuerpo.

   Empujó la puerta del dormitorio y escuchó el agua correr en el baño. Con el simple roce de su dedo la entrada se abrió hacia dentro, mostrando la espuma licuada que cubría el cuerpo desnudo y sonriente de su chica.

sábado, 24 de enero de 2015

CENA CON VELAS



    Esta es la noche. Mi noche. Tu noche. Vas a llegar envuelta en el misterio que ansiabas, traspasando el umbral del deseo de tu corazón. Serás la princesa del cuento y vivirás una velada especial. Habrá velas en todas las mesas. La música del mar con su relajante melodía. Las luces del anochecer en el marco del horizonte acompañarán tu mirada de ojos verdes. Tendrás besos, caricias y mimos. Un “te quiero” y una cajita de terciopelo azul que dentro guarda todo mi amor. Negarás con la cabeza, llorarás como una tonta y no podrás quitar las manos de tu cara. Y con el postre, la magia de la noche acudirá a nosotros y nos convertirá en eternos amantes. Como siempre. Desde siempre. Para siempre.


   Con las primeras estrellas de la primavera,  las brumas de dos espíritus enamorados se sientan a la mesa desde tiempo inmemorial. Nadie les molesta, nadie los observa. Y las canciones que hablan de su trágico final solo son escuchadas por aquellos que creen en el amor después de la muerte.

sábado, 17 de enero de 2015

SOMBRAS DEL OESTE



   La carreta estaba colocada  en el mismo lugar en la que la habían dejado al llegar. El fuego de la hoguera, con el asado desprendiendo un más que apetecible olor, presidía el claro donde aquella familia decidió pasar la noche. Los árboles que los rodeaban les servían de parapeto y el riachuelo les prestaba el refresco y la limpieza que necesitaban.
   El pistolero los contempló desde la otra colina, escondido en las sombras de la noche sin querer llamar su atención. No debía interferir en sus destinos, solo debía salvaguardar sus vidas y hacer que estas llegaran al final de su recorrido. No necesitaban saber que él estaba allí pues eso los destruiría.

   Lloró sin remedio y decidió, como había resuelto hacer mucho tiempo atrás, devolver a su familia el daño causado, aunque tuviera que hacerlo desde la oscuridad. Muchos eran los que le buscaban para matarlo, aunque ninguno sabía que él ya estaba muerto.