miércoles, 27 de agosto de 2014

A TRAVÉS DE LA VENTANA



A través de la ventana lo veía; mientras,  la tarde iba avanzando y la luz mortecina del  invierno dejaba que la noche llegara con rapidez.   Balanceándose lentamente en la hamaca de su porche,  ella sonreía pensando que debía ser feliz al dejarle verla. Cada día se levantaba y se duchaba despacio, enjuagándose delicadamente, disfrutando de la esponja, y recreándose en aquellos sitios que imaginaba a él le gustaban.  Como cada noche la observaba desnudarse y ponerse suaves y delicados pijamas en su honor.  Al principio, se enfadaba cada vez que lo veía babeando mirándola a hurtadillas.  La miraba de forma tan intensa que casi sentía el aliento caliente y húmedo del vecino mirón sobre su piel.  La sensación era tan babosa que le producía repugnancia.   Detestaba esos ojos que la miraban de forma lujuriosa, desnudándola. 
No pudo soportarlo más, y una mañana del invierno pasado, lo sorprendió y le dio con el azadón en la cabeza. Un golpe seco y sus ojos quedaron abiertos de par en par mirando al vació.   Le tapó la cabeza con un saco, harta de que la observara a todas horas. . . 

Cada día desde hace ya 12 meses  lo contempla sentada plácidamente.  Lo ve consumirse poco a poco cada día. Ahora imagina aquellas cuencas vacías dentro del saco. Ya no la mirarán desde el vacío. Por fin ella creía (cree) que son felices los dos. El “podrá verla” por el resto de la eternidad, y a ella ya no le importa tenerlo enfrente de su ventana;  le  espanta los cuervos que (antes) destrozaban las plantas de su jardín.

martes, 26 de agosto de 2014

NADIE ENTRARÁ AQUÍ


El cuerpo se descomponía en el jardín de la casa a modo de aviso. Cualquiera que se atreviese a pisar aquella propiedad, recibiría el mismo castigo, parecía querer decir. Incluso cuando murió, su espíritu vagaba por aquel lugar impidiendo las entradas y salidas. Así fue como aquel guarda del cementerio obligó a todo un pueblo a construirse otro camposanto. Esta vez tendrían mucho cuidado en la elección de la persona que fuese a trabajar allí.

jueves, 14 de agosto de 2014

RECUERDOS DE ANTAÑO



Ya lo decía la canción: "cualquier tiempo pasado fue mejor". Volver la vista atrás y darte cuenta de que hubo un tiempo en que sí había sitio en la playa para colocar tu toalla, en que sí había asiento en el autobús para sentarte, en que sí había espacio en la Tïerra para respirar el aire sano de la atmósfera.

Hoy no respiro, huele mal. Me agobia la algarabía humana, me entristece que nadie se levante para dejar sentar a un anciano cojo en el tranvía. Me cansa ver tanta gente agolpada en las colas de las tiendas, comprando telas baratas para creer que con ellas es libre.
Antaño, para ir de vacaciones casi te llevabas la casa a cuesta, como los caracoles; ahora vas donde va la Vicente, como el ganado sigue a la primera oveja descarriada; porque tu mente ya no piensa en lugares imposibles. Le comentas a cualquiera que quieres comprarte un bosque y perderte y te mira con cara de idiota y te pregunta: "¿Pero allí hay wifi?...

Hoy recuerdo momentos felices, sin aglomeraciones, casi solitarios, solamente rodeada de las personas que a mi lado me hacían sentirme libre. Y le pido un deseo a las estrellas fugaces que estas noches de agosto surcan los cielos:
"No deseo volver atrás, deseo que aprendamos a vivir en estos tiempos modernos y recuperar la libertad perdida"

martes, 12 de agosto de 2014

SANGRE, ARENA Y AGUA


- Huele a humedad y a pescado, hay una brisa fresca… - digo al llegar. – Sí, definitivamente, estoy en la playa. ¡Qué silencio! Esto es vida – añado. Cojo mi palo, la sombrilla y la tumbona. Me dispongo a dar un paseo hasta la orilla del agua. - Es raro – pienso – que en pleno mes de agosto, no haya ni un alma. Tanto mejor, toda la playa para mí sola. Qué maravilla – suspiro – la arena no quema, aunque hay algunas durezas que… Dios mío, me caigo. Oh, debe de ser algún animalito. ¿Quieres jugar conmigo? ¿Dónde estás? Sigo por el sendero que me indica mi bastón, pero hay demasiados obstáculos. Cansada, apoyo con fuerza la tumbona en el suelo. Pero antes de sentarme en ella, la silla se plega. Pruebo con la sombrilla. Investigo el suelo y encuentro un hoyo. Perfecto. Aprieto con fuerza el palo de la sombrilla y hago círculos para clavarlo más adentro. Una humedad caliente penetra en mis calcetines. ¿Tan cerca estoy de la orilla? – me pregunto. Al momento me siento elevada del suelo. - ¡Qué fuerza tienen estos pájaros! – grito asustada. – Eh, ¡que no sé volar! ¡Que no sé volaaaaaaaaaar! – repito. Me noto ligera, vuelo por los aires breves momentos y empiezo a caer hasta llegar al agua. Chof. Las capas de ropa que llevo rodean mi cabeza asfixiándome mientras braceo intentando agarrarme a algo en mi oscuridad. Soy incapaz de subir a la superficie. SUCESOS. Una anciana sorda y ciega es manteada y arrojada al mar por unos bañistas furiosos tras provocar diferentes heridas (algunas de gravedad) y contusiones.


viernes, 1 de agosto de 2014

LIBROS




Mis letras se desvanecen. El agua destiñe mis palabras. El viento arrastra mis hojas. Esas historias que antaño devoraban, ahora mueren abandonadas en un altillo.Me siento triste y, a la vez, liberado de las ataduras que me ligaban al ser humano.

Nos han abandonado en la terraza de un ático. Ahora solo saben vivir y divertirse con aparatos electrónicos. Nosotros, libros inmortales, que desde el principio de la historia de la humanidad, hemos existido, nos extinguimos, tirados de cualquier manera, en cualquier sitio.

Una mano emerge en la oscuridad de la noche. Siento miedo y me cierro. Después de asomar unos dedos, aparece un cuerpo. Unos ojos nos admiran, parece que van a salirse de sus órbitas. Una sonrisa aflora a los labios de esa criatura sacada de un cuento de hadas. Porta una bolsa de tela. 
Nos recoge con cuidado, nos trata con mimo, nos salva la vida.....

miércoles, 30 de julio de 2014

VUELVEN LAS NUBES


Vuelven las nubes, tras el largo estío, y seguramente, con ellas, la lluvia. Sé que los libros están fuera, en la azotea, pero no importa, no. Los dejé allí adrede. Con algo de temor al principio, sí, pero con toda la intención del mundo, porque su momento había pasado. Durante todo el verano, en cada uno sus días, habían sido mi sustento, el alimento vital que mitigaba, en su justa medida, la soledad que su marcha me había provocado. Seguramente, sin ellos, no habría podido sobrevivir. Seguramente, sin ellos, la habría seguido sin dudar. Pero no, allí habían estado. Junto a mi. Cubriéndome, matizando la decepción, la amargura, el desamor que la muerte había provocado. Porque había sido eso, ¿no?, una muerte en vida, la jeringuilla permanentemente anclada en su vena... Tras ella se había marchado abandonándome. Y tras su marcha solo encontré los libros. Y soy un hombre agradecido, no lo dudes. Por eso... Esa es la razón. Las nubes han vuelto y los libros permanecen a la intemperie, en la azotea. Porque confío que con ellas lleguen las lluvias. Y que éstas los hagan multiplicarse....

lunes, 28 de julio de 2014

EL VUELO DE LOS LIBROS


El sonido anual inundaba las calles. Millones de aleteos llenaban de música celestial los oídos de los niños que correteaban felices intentando atraparlos. Los libros cubrían el cielo y no dejaban traspasar la luz del sol.
Algunos ya habían elegido a su dueño y bajaban en picado como águilas hacia su presa, que esperaba impaciente con las manos abiertas o corría presurosa y se escondía detrás de la puerta de casa. El libro, en este caso, alzaba el vuelo en busca de otro a quien amar.
Un mendigo atisbaba en las sombras en busca del libro de Mark Twain. Tal vez le pudiese sacar de aquel atolladero donde andaba metido. Pero nunca se dejaba atrapar y huía burlándose de él.
Ha pasado un año desde entonces y vuelve a oírse el peculiar aleteo. Esta vez nadie sale a recibirlos. Están metidos en sus hogares con Internet, Ipads, Ipods, Ebooks y demás tecnologías. Se han olvidado del olor de sus páginas recién imprimidas, de su textura.
Los libros, heridos, caen lentamente intentando alzar de nuevo el vuelo pero es demasiado tarde. Yacen marginados junto al polvo del camino.

El mendigo recoge con ternura el que durante tanto tiempo ha sido la fuente de sus esperanzas. Lo lee, lo relee, pero la magia ha desaparecido.