Mostrando entradas con la etiqueta Charo Anadón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Charo Anadón. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de mayo de 2016

REFORMAS


Marisa había entrado en un sueño profundo cuando los albañiles de corazones se pusieron en contacto con su cerebro.
    ¿Podría indicarnos qué debemos hacer? — le preguntaron.
Aquel día, la mujer había encontrado un extraño anuncio en la sección de clasificados del periódico local que rezaba: “Reformamos su corazón, lo dejamos como nuevo”. Y había llamado con curiosidad y reticente. Pero acabó hablando durante más de dos horas con ellos.
    Miren. Ésta es la habitación de su primer amor — dijo a los trabajadores —. ¿Lo ven ahí? Realmente no era así, ya que tenía una nariz a lo Rosy de Palma. Pero ella lo idealizó tanto que quedó todo un adonis. Me gustaría que la dejasen más pequeña.
El pasillo por el que  caminaron a continuación, se caía, literalmente, a pedazos.
    Sí — les dijo cuando se pararon a contemplar las grietas de las paredes y los cables que colgaban del techo —. Tienen mucho trabajo. Por favor, no se me duerman en los laureles.
Los albañiles siguieron al jefe del centro de mando.
    Estas dos habitaciones no las toquen, se lo ruego. Son las de sus hijas y me gustan tal y como están.
Dos dulces y educadas niñas se asomaron a las puertas.
    Van a arreglar el corazón de mamá — preguntó la mayor.
Ante la afirmación de los trabajadores, la pequeña aplaudió y les lanzó besos a los dos.
Más adelante llegaron a dos cuartos oscuros muy estropeados. Incluso más que el pasillo. Y allí se paró el jefe.
    Aquí está el gran trabajo. Lo demás, si lo pueden hacer, se lo agradeceré mucho. Pero esto tiene que estar acabado antes de que ella despierte. Quiero que los ponga a estos dos, de patitas en la calle. Voy a guardar varias cosas que merecen la pena — dijo recogiendo una caja ya embalada y colocándola en el pasillo —. Aunque estoy tentado de tirar todo a la basura. Pero algo tengo que dejar en honor a cada una de las maravillosas niñas que le dejaron de regalo.
Los albañiles trabajaron duro durante toda la noche. Servían tanto para un roto como para un descosido. De esta forma taparon agujeros, pintaron, remendaron cortinas y cojines, limpiaron el polvo y, todo, en una sola noche de trabajo tal y como les habían pedido. Las dejaron listas para ser ocupadas por nuevos inquilinos para que — o al menos así lo esperaba el jefe — se quedasen.
Marisa, cuando se despertó, se sentó delante del espejo y se contempló radiante.

— Me vino muy bien hablar con el psicólogo por teléfono. Parece como si hubiese podido cerrar esos dos capítulos de mi vida —. Y sonrió feliz por primera vez en mucho tiempo.

lunes, 1 de febrero de 2016

UN LUGAR EN EL BOSQUE


Una joven llegó corriendo a la estación de tren. El andén estaba vacío y se apoyó en un poste hasta recuperar el aliento. Cuando tuvo la respiración controlada, se sentó a esperar. Cada cierto tiempo, se levantaba para comprobar si se veía alguna luz que indicase que se acercaba alguno. Otras, miraba el reloj que parecía haberse congelado en el minuto treinta y siete.
La enésima vez que se puso de pie comprobó que se acercaba una luz verde.
    Qué raro, yo pensaba que eran blancas — pensó.
El tren hizo su parada en la estación y ella subió sin tan siquiera mirar su aspecto.
Una vez sentada, descubrió a la única persona que la acompañaba en el viaje y que descansaba dos asientos por detrás del suyo.
Mil gruñidos se escuchaban fuera como si las ruedas que se deslizaban por las vías rítmicamente necesitasen aceite para ser engrasadas.
    Qué birria de tren — susurró.
Alzando la vista se fijó en el cartel colocado encima de la entrada: “Rogamos se abstengan de leer durante el trayecto”.
    ¡Puf! Menuda tontería — exclamó.
Ella miraba a través del cristal cómo titilaban miles de luces pertenecientes a alguna de las ciudades cercanas. El resto era oscuridad. Su reflejo en la ventanilla hizo que su cuerpo respondiese con un escalofrío al observar su imagen deformada. Apartó sus ojos y los centró en una revista que sobresalía del bolsillo delantero. La cogió y se puso a ojearla sin detenerse en titulares, fotos o el contenido de sus textos.
Una risa espeluznante salió del megáfono situado junto al cartel y se giró en busca de la persona que la acompañaba en ese viaje para preguntarle si lo había escuchado. Descubrió el asiento vacío. Miró en dirección a la puerta posterior por si había salido sin que ella se hubiese dado cuenta y se encogió de hombros.
Sus dedos siguieron pasando hoja tras hoja hasta que sus ojos descubrieron una extraña imagen.
Era el amanecer de un bosque rodeado de pequeñas cascadas donde parecían vivir otro tipo de seres.
    Juraría que se ha movido algo — susurró.
Miró detenidamente la imagen y se acercó más. La luz proveniente de las pequeñas viviendas alojadas en los árboles se apagó. La joven se pegó más y, cuando su nariz rozó la foto, fue engullida por ella.
La revista quedó abierta encima del asiento vacío. Las letras diminutas que explicaban la imagen decían textualmente: “Ponga un especial cuidado en no dejarse atrapar por la lectura”.

Entonces la risa espeluznante se volvió a escuchar a través del megáfono.

domingo, 15 de noviembre de 2015

UN BUEN PADRE



- Sí, cariño - dijo el hombre por teléfono mientras miraba con ternura a la niña que dormía tranquila en la cuna.
Le retiró con ternura el bucle que le caía por la mejilla mientras seguía hablando con su mujer.
- Sí, cariño. Ha comido estupendamente - añadió.
- Sí, cielo. He jugado con ella. ¿Ves? Y tú que decías que no sería un buen padre - la recriminó.
- Sí, cariño. Ahora duerme - comenzó de nuevo. - Le costaba dormirse, así que le puse una almohada encima para que la luz no la molestase. Ha protestado un poco al principio pero luego se ha calmado y ya no ha dicho nada.
Un estruendo, seguido de un profundo silencio se escuchó al otro lado de la línea.
 - Cariño, cariño, ¿te ocurre algo? - dijo casi chillando. La niña, asustada ante los gritos de su padre, despertó llorando.

- Si es que... - empezó a decir el hombre apagando el teléfono y dejándolo encima de la cuna mientras la cogía en brazos. - ¡Ni que pensase que te había asfixiado!

miércoles, 17 de junio de 2015

GREGUERIA



Los globos son las lágrimas de la tierra que van al cielo

miércoles, 15 de abril de 2015

LAS ESTATUAS


- Cuenta la leyenda - decía un padre a su pequeño guiñándole un ojo y señalando las estatuas - que sólo revivirán cuando el hijo del diablo se apiade de ellas.
- Pobrecitas, ¿no? - contestó el niño.
Y mientras las figuras cobraban forma humana, añadió - ¿para qué darles esperanzas? Yo directamente las habría aniquilado - zanjó cerrando el puño. 
Los dos hombres explotaron en mil pedazos.
- ¡Ése es mi chico! - rió a carcajadas Lucifer mientras le revolvía el pelo a su retoño.

miércoles, 25 de marzo de 2015

RAMÓN


Ramón, que observa con tristeza a la morena que saborea con lujuria un chocolate con churros, deposita una taza limpia y reluciente encima de la barra y contempla el cuadro que tiene en la pared de enfrente. Da igual el tiempo que haga en el exterior, incluso sudando, con la camiseta pegada a su piel, la ha visto lamer con lentitud ese dichoso manjar. La mujer respira hondo y cierra los ojos apoyándose en el respaldo de la silla. 
- Ya empieza – le susurra el camarero al hombre cuando la ve abrir los ojos. Ramón se gira y descubre a la mujer mirando el reloj, a la gente que la rodea, al camarero. Sus manos desvelan su nerviosismo mientras retuerce la servilleta con la que acaba de limpiarse las migas que manchaban sus labios. Esconde con disimulo la taza en el bolso. Sale corriendo sin que nadie la detenga. 
- ¿Qué te debo? – le pregunta al camarero.
 - Lo de siempre, dos euros con cincuenta. Es la última vez que le pagas esto a tu mujer, ¿no? Te va a buscar la ruina, escúchame, de verdad, que te lo digo de corazón. Anda, síguela, no vaya a hacer algo gordo de verdad. Igual un día te aparece en casa con un picardías con la alarma de seguridad sin quitar. Ramón, cabizbajo, sale por la puerta en busca de su esposa. Camina pensando en la mala idea que tuvieron de incluirla en aquel grupo contra la cleptomanía. A veces le daba por pensar que en vez de dejar de robar, sus compañeros la habían enseñado a perfeccionar su técnica.

sábado, 7 de marzo de 2015

GOLPE DE CALOR


El calor golpeaba fuerte aquella tarde. Ruth miró la calle inquieta a través de los cristales sucios y encendió el ventilador pues su abanico no daba abasto. Los pocos que se atrevían a pasear luchaban contra sus chancletas que se pegaban al asfalto. La mujer miró el cuerpo sin vida de su marido y comenzó a morderse las uñas pensativa: — ¡Ya sé! ¡Claro! ¿Cómo no se me habrá ocurrido antes? Está clarísimo. Ha sido un golpe de calor — susurró convencida mientras miraba distraídamente la sartén humeante del fregadero que tenía unas manchas muy sospechosas.

miércoles, 4 de febrero de 2015

MESA PARA DOS



Enrique miró a su compañero y ambos sonrieron.
El camarero depositó el plato con los frutas del bosque en la mesa interrumpiéndolos y se le desencajó la cara al escuchar.
— ¿Puede traer otra cuchara? Es para compartir.
Enrique observó las parejas que cenaban tranquilas a su alrededor. El día de San Valentín, el restaurante estaba completo y sólo les había quedado una mesa libre.
Los tortolitos que charlaban al lado se ofrecieron mutuamente el postre y él decidió hacer lo mismo.
— ¿Quieres? — le dijo. — Está bien, me los como yo. ¿Sabes? — comentó después de unos minutos en silencio. — Nunca tendré una pareja mejor que tú.
La gente los miró cuchicheando. Nadie podía entender qué hacía un hombre hablándole a un espejo en la mesa para uno del rincón.

martes, 27 de enero de 2015

EL CHIRINGUITO


Las calles mojadas y el cielo gris pintan de una forma tan clara mi interior que asusta.
Espero en la terraza mientras anhelo las risas y los susurros de clientes que no llegan. A ratos cojo una servilleta, la arrugo en la mano hasta convertirla en una bola y la lanzo a la papelera más cercana.
El frío me hace refugiarme en la chaqueta y calarme el gorro de cocina hasta no ver nada. No oigo pasos, así que me relajo en el respaldo del asiento. Me caliento los dedos con mi zippo y observo cómo se consume mi cigarro. A veces saboreo una enorme calada que me hace toser.
— Si tan sólo me hubiese asegurado de apagarlo bien antes de tirarlo a la basura… — pienso.
Las llamas lo engulleron todo. El chiringuito fue pasto de ellas durante la ausencia de los bomberos. La lluvia fina que salía de sus mangueras intentaba aplacar su fiereza pero no sirvió de nada. Aquel agua calmaba mi calor interior. Los bomberos se fueron cuando no se pudo hacer más. Sólo yo seguí al pie del cañón como el capitán de un barco que naufraga.
No busco espejos, no quiero ver mi imagen. Aunque ni siquiera sé si mi copia tendría el valor de mirarme a la cara.
El calor penetra en mí como un torbellino juguetón.
Mientras llueve de nuevo, refrescándome, pienso:
— Qué diferente sería mi vida si no hubiese deseado quemarlo todo y desaparecer.

jueves, 8 de enero de 2015

PASEO MARÍTIMO


  • José, con su gorra de marinero y fumando con su pipa, paseaba por el paseo marítimo junto a Miguel, un amigo de su hijo Víctor, cuando éste se acercó a preguntarle por la moto. Llevaba más de un año detrás de ella y su padre siempre le contestaba lo mismo: — Cuando los barcos vuelen. Esta vez Víctor no se enfadó, ni se tiró por el suelo con una de sus rabietas. Simplemente se sentó en un banco que había en el paseo y José lo acompañó en silencio mientras Miguel se alejaba de ellos. Contemplaban la puesta de sol sobre la playa y el joven comenzó a jugar con una linterna, encendiéndola y apagándola. Al cabo de un rato, escucharon un rumor en la lejanía que se acercaba. Perplejos, abrieron los ojos como platos al descubrir tres barcos alados surcando el cielo rumbo al océano. — Mmmm, ¿de qué color decías que querías la moto? — preguntó todavía con la boca abierta. — ¡¡Bien!! — exclamó feliz Víctor abrazando a su padre. — No ha estado mal aprender Morse con Miguel y crear esas maquetas de barco para engañarle… Le pienso dejar dar todas las vueltas que quiera en la moto — pensaba mientras saltaba de alegría. — Oye, papá, ¿me llevarás mañana al astillero? — ¡Por supuesto! — contestó él. — Ojalá hubiese hablado antes con su amigo, me habría evitado más de una pelea… — pensó sonriendo.

martes, 30 de diciembre de 2014

CONFUSIÓN


Felipe cogió una de las dos piedras que había encima de la mesa y me la arrojó con todas sus fuerzas.
El golpe en la cabeza me había regalado un enorme chichón. Veía doble, el cielo tenía un poderoso color rojo y la tierra un pálido azul. Sorprendía a los delfines saltando entre las rocas mientras por las plácidas aguas trepaban las cabras y los rebecos.
- Joder, te pedí que me dieras con la piedra del realismo, no con la de las alucinaciones… - dije llevándome la mano al centro de mi dolor.
- Mierda, ésa era la mía, ¿tú crees que funcionarán dos veces?
Al cabo de un rato, discutíamos acaloradamente sobre la existencia de Dios.

viernes, 12 de diciembre de 2014

LA SIESTA




El hombre se quedó traspuesto con el libro abierto entre las manos. Las imágenes cobraron vida y salieron del papel para jugar.
Una se rió tan fuerte que el hombre dio un respingo en el sitio aunque sin llegar a abrir los ojos. Las demás la riñeron por armar tanto ruido.
El hombre ocultó una sonrisa y entre abrió los párpados mientras las dejaba jugar un rato más.
Cuando se desperezó, las imágenes corrieron a ocupar de nuevo su lugar.
-¿Hasta cuándo vamos a fingir que no sabemos que lo sabe? -susurró la más pequeña a las demás.
- Hasta que deje de pensar que nos chupamos el dedo...



domingo, 30 de noviembre de 2014

UNA TIERNA IMAGEN


La madre cosía mientras la niña acariciaba el gato.
A través de la ventana notaban la presencia que atisbaba entre los arbustos.
- Mamá, ¿se ha ido ya? - preguntó la pequeña al cabo de un rato.
- Creo que sí - contestó la madre levantando la vista de la costura y apartando un poco el visillo.
La vecina regresaba a casa con los puños cerrados y murmurando enfadada. Elevó el puño en alto amenazador mientras pensaba:
- ¡Juro que os descubriré!
Mientras , en la casa, madre e hija se transformaron en brujas.
- ¡Qué buena idea dar vida al arbusto! Nos avisa cuando se acerca esa maldita alcahueta... Muahahaha

jueves, 20 de noviembre de 2014

LA SOMBRA




La lluvia había empezado a caer después de darle la tarde libre a Vicente. Había decidido volver a casa andando y rodearme de la chusma que puebla mi ciudad. Esa gente que me ve como a una diosa lejana.
Hoy podría demostrarles que estoy más cerca de ellos aunque siempre habrá un gran abismo entre mis joyas y sus harapos.
Sonriendo feliz, medio apoyada en la pared para resguardarme de la lluvia y no mancharme mi vestido de D&G descubrí una sombra que se acercaba. Arrastraba los pies y el agua le calaba por completo. Se aproximaba peligrosamente. Comencé a caminar hacia atrás sin perderle de vista. Pero tras tropezar varias veces decidí correr tan deprisa como me dejaron mis zapatos de tacón de aguja. De reojo, miraba hacia atrás y seguía viendo la sombra, aunque algo más lejana. Mi mente volaba pensando mil historias: secuestro, robo... Nadie se acercaría de esa forma para pedirme un autógrafo. No conocía mi ciudad, así que, cuando giré aquella esquina pensando perderme en otra calle, encontré un callejón sin salida. No podía volver y me escondí entre las sombras del final, apoyando mi espalda contra la pared sin importarme ya su suciedad. Cualquier movimiento brusco haría que tintineasen las pulseras y los collares que llevaba. Incluso me sujeté las muñecas para evitar los temblores que luchaban por salir.
Pero la sombra se acercaba. Se internó en el callejón en mi busca. Tal vez mi Chanel Nº 5 me delató.
La sombra se detuvo delante de mí y alargó su huesuda mano.
- ¿Me da una moneda para comer algo, por favor? - dijo la sombra afónica.
- Ah - grité aterrorizada. Y salí corriendo.
Incluso los mendigos me atacaban.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

MUERTE AL ATARDECER


- Es una bonita tarde para morir – comenta Susana mientras mira la puesta de sol.
- No tiene por qué cumplirse el destino. Lo decidimos nosotros – contesta Samuel poniéndose de pie y rodeándole los hombros con el brazo.
- He visto estas pistolas en la tienda. Se parecen bastante a la imagen de la premonición - replica ella sin escucharle.
- ¿Por qué quieres cumplirla? – grita desesperado zarandeándola.
- Hay que hacerlo – contesta tajante Susana tendiéndosela.
- ¿Y si no quiero? Yo no voy a matarte. Así que irás a la cárcel – Ricardo bracea mientras habla con el arma en la mano.
La pistola se dispara rozándole el brazo a Susana que suelta la suya aturdida y se sienta en el suelo.
El teléfono comienza a sonar sin que nadie responda. Al otro lado de la línea, la directora de un casting taconea impaciente el suelo.
- Muerte al atardecer – ríe irónica mientras mira el guión – yo sí que estaré muerta como no encuentre pronto una actriz para el papel protagonista. ¡Carlos! – grita - ¿quién era la siguiente de la lista?

lunes, 3 de noviembre de 2014

QUIERO BAILAR


A María le encantaba bailar pero nadie tenía tiempo para ella.

- Cariño, tengo que trabajar – le decían sus padres.

- Vete de aquí, enana – le gritaban sus hermanos.

- Pues vaya tontería – le comentaban sus amigos.

Incluso el espejo deformado que había en su habitación le devolvía una imagen que no era la suya riéndose de ella.

Mireia sabía que su tiempo terminaba y todavía no había encontrado a la persona por quien hacer la buena acción de su vida. Toda bruja malvada, una vez al menos, debía hacer algo bueno por alguien.

María se escondía bajo la capa de sábanas y mantas que la cubrían por la noche y lloraba sobre su almohada. Otras, gritaba en silencio en busca de la oportunidad que nadie le daba.

Mireia la escuchó llorar una noche y estuvo observándola unos días. Podría ser la persona que estaba buscando.

Una noche, al acostarse, descubrió una varita sobre su almohada junto a una nota: “Úsala bien” decía. Miró por la ventana y vio alejarse una figura montada en una escoba.

La niña no se separaba nunca de aquel instrumento y continuamente lo acariciaba sin atreverse a usarlo.

- Mamá, mira cómo bailo.

- Papá, mi mejor pirueta para ti.

Le contestaba el silencio. Ninguno de los dos la observaba, encerrados en ellos mismos.

- Ositos de peluche – pensó María una mañana.

Uno a uno, padres, hermanos, amigos, familiares, vecinos… Los fue convirtiendo en muñecos y colocando en bancos que harían de butacas para la representación de su vida. Esta vez no podrían decirle que no.

- Misión cumplida – pensó Mireia atisbando entre las sombras mientras acariciaba el gato que llevaba en sus brazos.

viernes, 26 de septiembre de 2014

NOCHE CON SORPRESAS


Tumbada en el escalón de la Pirámide Maya, Luz observaba el cielo estrellado. Bostezaba una y otra vez sin poder contenerse. Se frotaba los ojos y los volvía a cerrar. - Vamos, tienes trabajo que hacer – gritó alguien. Ella se levantó enfadada y se dirigió hacia el bosque. Las ramas se le enredaban en el cabello y las rompía. Los adornos que llevaba se enganchaban y debía pararse continuamente para arreglarlos. Llegó a un pueblo y se dirigió al bar más cercano. - ¿Me invitas a una copa? – le preguntó a Juan, un joven que estaba apoyado en la barra, con su mejor sonrisa. – No me mires así. Soy animadora en las Pirámides que hay cerca de aquí – dijo señalando hacia el bosque y se rió. Le miró de reojo mientras cogía de su mano la copa que le ofrecía. Durante un par de horas rieron y hablaron hasta que se miraron a los ojos. - Ven conmigo – le susurró Luz al oído arrastrándolo después camino del bosque. Él se dejó llevar mientras ella le retenía las ganas escapando de sus manos juguetonas. Corría delante de él sin dejarse atrapar. Llegaron a las pirámides en poco rato y comenzó el ascenso. - Tengo una fantasía – le había dicho al oído – y a Juan se le abrieron los ojos como platos. Llegaron a la cima exhaustos. Y cuando él esperaba el ansiado beso, se encontró volando en el aire. Ella había accionado una palanca dejándolo caer. - Mi tarea ha terminado – dijo bostezando. - Ahora podré dormir cien años más.

lunes, 8 de septiembre de 2014

BREBAJES Y PARQUES INFANTILES



Vago por las calles sin mirar nada en concreto. No tengo nada y lo tengo todo. Cansado, me siento en el banco de un parque. Delante de mí, inmóvil, un mimo vestido de mago. Nos contemplamos largo rato sin hablar hasta que él, baja de su pedestal y se acerca a mí con un brebaje. - Pide un deseo y bébetelo – me dice. Se va y desaparece. No necesito nada, aunque tampoco lo tiro y camino hasta un parque infantil. Me siento en el césped mojado mientras acaricio la botella distraído. No necesito nada, lo tengo todo. Entonces recuerdo aquellos días en los que no hacía otra cosa que subir y bajar toboganes. Incluso puedo oír el chirriar de las cadenas de los columpios de mi niñez. Tengo sed y, sin darme cuenta, acerco la botella a mis labios mientras pienso en lo bonito que sería volver a ser un niño. Ya es tarde. El parque infantil cobra vida. Los columpios se retuercen. Me miran. Las casas de juguetes abren y cierran sus ventanas mientras la puerta me engulle sin darme tiempo a escapar. Soy un niño. Subo y bajo en el columpio, me deslizo por el tobogán. Soy feliz. Pero luego tengo que volver a clase. Mi profesor, que me tiene manía, a veces me castiga sin salir al recreo. En esos momentos, aburrido, miro por la ventana mientras observo la casa de juguete que se burla de mí.

martes, 26 de agosto de 2014

NADIE ENTRARÁ AQUÍ


El cuerpo se descomponía en el jardín de la casa a modo de aviso. Cualquiera que se atreviese a pisar aquella propiedad, recibiría el mismo castigo, parecía querer decir. Incluso cuando murió, su espíritu vagaba por aquel lugar impidiendo las entradas y salidas. Así fue como aquel guarda del cementerio obligó a todo un pueblo a construirse otro camposanto. Esta vez tendrían mucho cuidado en la elección de la persona que fuese a trabajar allí.

martes, 12 de agosto de 2014

SANGRE, ARENA Y AGUA


- Huele a humedad y a pescado, hay una brisa fresca… - digo al llegar. – Sí, definitivamente, estoy en la playa. ¡Qué silencio! Esto es vida – añado. Cojo mi palo, la sombrilla y la tumbona. Me dispongo a dar un paseo hasta la orilla del agua. - Es raro – pienso – que en pleno mes de agosto, no haya ni un alma. Tanto mejor, toda la playa para mí sola. Qué maravilla – suspiro – la arena no quema, aunque hay algunas durezas que… Dios mío, me caigo. Oh, debe de ser algún animalito. ¿Quieres jugar conmigo? ¿Dónde estás? Sigo por el sendero que me indica mi bastón, pero hay demasiados obstáculos. Cansada, apoyo con fuerza la tumbona en el suelo. Pero antes de sentarme en ella, la silla se plega. Pruebo con la sombrilla. Investigo el suelo y encuentro un hoyo. Perfecto. Aprieto con fuerza el palo de la sombrilla y hago círculos para clavarlo más adentro. Una humedad caliente penetra en mis calcetines. ¿Tan cerca estoy de la orilla? – me pregunto. Al momento me siento elevada del suelo. - ¡Qué fuerza tienen estos pájaros! – grito asustada. – Eh, ¡que no sé volar! ¡Que no sé volaaaaaaaaaar! – repito. Me noto ligera, vuelo por los aires breves momentos y empiezo a caer hasta llegar al agua. Chof. Las capas de ropa que llevo rodean mi cabeza asfixiándome mientras braceo intentando agarrarme a algo en mi oscuridad. Soy incapaz de subir a la superficie. SUCESOS. Una anciana sorda y ciega es manteada y arrojada al mar por unos bañistas furiosos tras provocar diferentes heridas (algunas de gravedad) y contusiones.