sábado, 25 de octubre de 2014

LAS ESFERAS NEVADAS



La tienda olía a madera antigua y silencio. Ella deambulaba entre objetos y libros, preguntándose porqué había entrado, si no tenía dinero para obtener nada. Llamó su atención un mostrador en sombras, junto a la pared, atiborrado de esferas nevadas. Siempre quiso tener una, de pequeña. Nunca ocurrió.

El viejo encargado se acercó y empezaron a hablar sobre la diversidad de ellas y la minuciosidad del trabajo que llevaban. También escuchó, un poco distraída, las leyendas de su origen con los hombres. Contó que ciertos magos usaban los orbes de diferentes maneras, incluso que eran capaces de introducir realidades y enemigos en ellas. "Un mundo", le decía con voz cascada, "cada una es un mundo".

Ella apartó la vista de las esferas para mirar a su interlocutor. Ahora una alarma vibraba en sus oídos. Notaba cierto nerviosismo y ansiedad en su voz mientras ese anciano oriental le proponía cerrar los ojos y, de todas, elegir una: "Te mostrará el futuro, te hará ser dios en algún mundo..."

No le gustaban esos juegos, mas su mano parecía tener voluntad propia y sus ojos se cerraron a la vez. Levantó una, al azar, y la sacudió. Luchó por recobrar su ser y abrir los ojos, mas sólo podía oir a una mujer gritando horrorizada y un retumbar profundo. Cuando al fin lo logró, miró la esfera en su mano. Las lágrimas asomaron al ver que era ceniza lo que se posaba lentamente en el fondo. Y en el interior de la esfera había un pueblo destruido, con una mujer asomada en una ventana, en un grito continuo...

CARMEN DE BIZET



Sus gorgoritos se oían en todo el pueblo. Llevaba así desde que le regalaron el CD.
—Mira —le dijo en broma su amiga—, te han compuesto una ópera, Carmen.
Y desde entonces no había hecho otra cosa que cantar y cantar.
—Quiero conseguir romper una copa con mi voz —le dijo a todo aquel que quiso escucharla.

Y un buen día lo consiguió. Lástima que además de la copa arrasase con el pueblo entero.

domingo, 19 de octubre de 2014

LA BRUMA




Cuando alcanzó la loma y miró por los binoculares ahogó una exclamación rabiosa. Todos estos meses sin ella habían sido una tortura, pero ahora tenía la certeza de encontrarla en aquella inmensa plantación. Pudo distinguir dos figuras inclinadas y a punto estuvo de disparar, dada su impaciencia.¡Meses, días de arrastrarse tras su débil rastro! 
Suspiró, despejándose. Aseguró sus pertrechos para que ningún sonido le delatase y empezó a bajar en su dirección, fundiéndose con el entorno. Ni siquiera se preguntó cómo iba a encontrarla, entre tantas otras, abducidas y secuestradas, todas en largas hileras, adormecidas en sus cápsulas mortales...

Ella brillaba como un fuego fatuo y misterioso, era lo más importante de su interior y un estremecimiento recorrió su espalda al notar su cercanía...
Encaminándose a una cápsula, sin dudarlo, quebró el cristal, dejando que la bruma que ascendía cubriera su figura y sonrió.

Había recuperado la imaginación. Estaba completa de nuevo.

INFORME Nº 26




Encriptación de seguridad: nivel máximo.
"Laboratorio: nº 51 
Status: Contenedores en estado óptimo, hibernación estable. Prueba nº1 se inicia a las 0800 hrs. 
Sujetos de prueba: dos nativos vagabundos, instrucciones mínimas sobre como abrir los contenedores asignados. Desconocen contenido. 
Objetivo: obtención de dos Aliens humanoides"

—Sres., ese fue el último mensaje recibido desde el laboratorio, 250 personas y ninguna señal desde hace 15 hrs. 
—¡Sr! ¿Cuántos contenedores habían?
—400. Autorizado el uso de fuerza letal, solo son dos hostiles. Nada debe salir de allí. En caso extremo activamos la autodestrucción y salimos. Saltamos del avión en 5 minutos, a 1 km de Chernóbil. Si tenemos suerte, nadie saldrá herido. ¡Prepárense!

lunes, 13 de octubre de 2014

NUESTRA CÚPULA





A pesar de los avisos de la comunidad científica, algunos inmersos en nuestras rutinas no nos enteramos, otros simplemente hicieron oídos sordos,  y los poderes fácticos, como siempre, creyeron en su soberbia que eso  a la tierra no le pasaría;  no en su era, no justo cuando ellos (soberbios de traje y corbata) ostentaban el poder.  Los menos intentaron movilizarse para concienciar al mundo y evitarlo; se asociaron, quejaron, manifestaron y reprimieron.   Así, que cuando empezó a suceder, el espectáculo nos sorprendió en plena calle.  Dejamos de mirar al suelo para mirar al cielo, y ver que el universo nos abría una ventana por donde observar,  como el azul intenso de una mañana de verano se difuminaba, para mostrarnos nuestro sistema planetario. Dependiendo del lugar en la Tierra iban apareciendo ante nuestros ojos los diferentes planetas.  Mientras algunos veían el aspecto terroso de Venus y la cara oculta de mercurio, como si nuestra segunda luna fuera.  En otras zonas de nuestro planeta aparecía primero el gigante Jupiter.  Marte envuelto en sus tormentas rojas, efervescentes e inquietas.  El espectáculo de Saturno era incomensurable,  cuando empezó a aparecer y pudimos observarlo, asistimos  a su aparición con una exclamación en la boca y el terror anidando en el corazón.  Sus anillos formados de rocas aparecieron como nubes de gas, que se solidificaban su alrededor.   El planeta nos regaló en el final de nuestros días un espectáculo hermoso.  Nos enseñó  lo que había fuera de la cúpula.  Ese paraguas protector  que nos ofreció para poder  vivir y crear un mundo donde vivir.  Pequeños seres con conciencia de su existencia y posición el cosmos que rechazamos para mirar solo hacia nuestro ombligo.  Consciencia que algunos utilizaron para CREAR e intentar mejorar.  Ahora esa cúpula desaparecía, condenándonos a la extinción,  mientras, el universo se paseaba por delante de nuestros ojos, para aquellos que quisieran ver antes de perecer.  

viernes, 10 de octubre de 2014

CULTIVANDO QUE ES GERUNDIO




Todavía no entiendo por qué empezaron a cultivar gnomos en esas campanas transparentes. ¿Para qué sirve un gnomo? Vale, queda muy bonito en el exterior de las casas, allí, junto a los caminitos de tierra. Pero, ¿no podemos ponerlos de porcelana? Antes eran de porcelana hasta que esas organizaciones para la liberación de los gnomos de jardín comenzaron a meter sus narices en nuestros asuntos. Seguro que ahora salen otros y comienzan a decir que no podemos cultivar gnomos. Que si es una crueldad encerrarlos en campanas de cristal, que si también son seres vivos. Ya me gustaría que se les comiesen las lechugas de sus huertos. No les gustaría tanto. En fin, sigamos alimentándoles. A ver... que viene el avioncitooooo...

jueves, 2 de octubre de 2014

EL SR. DIRECTOR (3º entrega de LAS TRAVESURAS DE PASCUALINA)

Pascualina se encontraba otra vez delante del despacho del director.  Su madre avanzaba por el pasillo, acelerada y atolondrada,  dando unas voces que los oídos sufrían como si fueran coces.  Otra vez la habían llamado para que se llevara a su niña a casa castigada.  El cariño era mutuo entre los dos;  para Pascualina el director Bernardo  era un gordito pachón, y para él,  ella no era santo de su devoción.  Don Bernardo le tenía ojeriza y cada dos por tres le llamaba la atención.  Tonterías como los ataques de pánico de la profe de matemática, ante la invasión del aula de pérfidos bichos como  cucarachas, arañas o gusanos de jardín.  El director no tenía pruebas pero intuía que del trompón de la profesora era culpable la pequeña de ojos grandes, menuda y de pelo rubio alborotado que corría como un ciclón.   En su despacho, informó a su madre que la próxima vez sería expulsada durante tres días, con cara sería, repantingado en su enorme butacón.
Pascualina intentó una y otra vez hacerle entender que ella no era la culpable de que la profe tropezara en una tabla levantada del suelo y se diera semejante castañón.  Para una vez que no era ella…
 Lo miró intensamente y vio dentro de él aquello que lo atormentaba.
Mientras su madre y el director discutían sobre su mala educación, se fijó en las cartas preparadas para mandar al correo.  Lo observó tan estresado que decidió que le haría el favor de echarlas por él al correo.  Seguro que así compensaba su enfado por las travesuras a que sometía habitualmente a los profes porque ella pensaba que habitualmente no eran justos.
Y así lo hizo.  Cogió las cartas y al salir del cole de la mano de su madre, en un descuido, las echó en  un buzón.
El director buscaba sus cartas y preguntaba a su secretaria si ya las había llevado a la estafeta del callejón.
En una de esas cartas confesaba arrepentido que había malversado los fondos que el colegio tenía para la comida del comedor. En otra le decía adiós al amor de su vida, el profesor de gimnasia, un atleta de triatlón.  Lo sentía por su mujer e hijos pero le habían diagnosticado un tumor cerebral terminal y le quedaba un mes de vida. Quería dejar su conciencia tranquila y dejar todos sus asuntos con su dios en paz.  No había decidió enviar esas cartas, quería esperar a que la enfermedad estuviera más avanzada y ya lejos del colegio para poder morir ajeno al follón.
Sonó el teléfono, era del despacho del médico dónde le habían realizado las analíticas que concluyó en un diagnóstico tan desalentador y que habían dado como resultado tan tremenda valoración.  Al otro lado del teléfono,  el Doctor Marcos, se deshacía en disculpas y muy compungido lamentaba el error.  Su enfermera había confundido los historiales y Don Bernardo estaba completamente sano.  Al Director solo le venía la imagen de la sala de espera de su despacho, en la que  Pascualina y su madre estaban esperando su decisión.  Solo en ese momento entendió la mirada penetrante de Pascualina y su sonrisa sardónica, con esa expresión en su cara de una gran satisfacción.