sábado, 10 de mayo de 2014

LAS VIUDAS

Mientras Francine se entretenía jugando con su cubo y la arena del parque, la viuda Laurent departía discretamente con su amiga, la viuda Renard. - Has de presentarme a tu abogado, Madeleine. Nunca habría imaginado que un hombre tan ordenado y detallista como Bastien no dejase hecho testamento. - Mira que te lo advertí, Chantal, recuerda que te dije “es preciso cuidar los detalles”. Pero como eres tan estúpida vas y olvidas el más importante. Puedes ir despidiéndote de la fortuna de tu marido. - ¡No me digas eso, Madeleine! Creo que se me está poniendo mal cuerpo. Dame el nombre y la dirección de ese leguleyo, te lo suplico. - Ningún picapleitos de París podrá ayudarte, pequeña zorra. Bastien me lo dejó todo a mí, tengo un documento privado firmado en el bufete del Licenciado Leclerc, con Madeimoselle Garnier como testigo. Gracias por seguir mis instrucciones y deshacerte de tu marido y mi amante. La verdad es que, tal y como me confesabas, en la cama dejaba mucho que desear, cariño.

TRAS LAS LÍNEAS ENEMIGAS

—Creo que me han descubierto. —¿Qué? —Al menos sospechan algo. —¿Cómo se te ocurre venir aquí? —se quejó la otra mujer mientras miraba disimuladamente a su alrededor—. Nos pones a todos en peligro. —Pero tengo miedo. Quiero que me saquéis de aquí. No puedo seguir con esto. —No es tan fácil —contestó la otra mientras notaba un movimiento a su izquierda entre los arbustos—. Juraste que defenderías a tu país, que te sacrificarías por él. —Pero soy muy joven para morir. Tengo toda la vida por delante... —Yo también —contestó la otra mujer mientras sacaba una pequeña pistola de su bolsito y le apuntaba entre los ojos. Disparó al tiempo que veía como de los arbustos salían varios hombres uniformados corriendo en su dirección. Se levantó mientras observaba el cuerpo de la otra mujer deslizándose al suelo y oscureciendo la tierra con su sangre. Se colocó la pistola en la mandíbula sin apartar los ojos de los hombres que ya estaban casi junto a ella y volvió a disparar.

RUMORES DE SOCIEDAD

—Dígame Mrs. Thompsom, ¿es verdad lo que se cuenta sobre usted en los corros de la alta sociedad?. —Depende, Sra. Clearwater. Ya sabemos cómo son esos encuentros. No hay en ellos más que chismes carentes de veracidad e infamias malintencionadas. —No pretendía ofenderla. Sabe cuánto aprecio su amistad y que siempre esté dispuesta a cuidar de mi hija. Solo es… —Entiendo. Le voy a decir una cosa y espero zanjar este asunto entre nosotras ahora mismo. Los rumores son inciertos de todo punto, falsos como una moneda de tres peniques. —Por favor, no se enfade conmigo Mrs. Thompsom, se lo pido de corazón. Son tiempos revueltos y nadie sabe que pensar. Cuando una mujer habla de cosas de hombres, enseguida… ya sabe… la ven con malos ojos. Le ruego no tenga en cuenta mis palabras, se lo suplico. —Olvídelo. Me estoy acostumbrando a las habladurías maldicientes sobre mi persona y la vida que me han obligado a llevar. Ser soltera en estos tiempos y no callar lo que piensas te crea enemistades, incluso entre tus supuestas amigas. Déjelo pasar, a mí ya se me ha olvidado – sonrió. —Ahora he de marcharme, Mrs. Thompsom. Mañana le traeré a la niña a la misma hora. Y le insto a que perdone mi impertinencia. —No se preocupe— y le hizo un guiño—, mañana nos veremos y será otro día. “Otro día en el que nada será lo mismo”, pensó mientras la Sra. Clearwater se marchaba del parque con su hija de la mano. Momentos después una sombra apareció por entre la arboleda que estaba situada detrás de ella, se acercó y le tapó los ojos con una mano. —¿Quién soy? —Esto tiene que acabar— dijo ella—, tu mujer acaba de irse.

jueves, 8 de mayo de 2014

APARIENCIAS

La mañana era soleada. Una dama y su hija que paseaban por el parque se sentaron a la sombra de un sauce. La madre cerró el parasol y lo puso en su regazo. - Niña, ¿has dicho que esta tarde nos presentará a sus padres? – preguntó sacando la punta de la lengua mientras pensaba. - Sí, mami – dijo la hija pasando un dedo por el respaldo del banco arrugando la nariz mientras evitaba apoyarse en él. Una limpiabotas que pasaba delante de ellas se acercó y les preguntó si querían sus servicios. La dama, a modo de respuesta, sin tan siquiera mirarla, levantó el pie en el aire. - Pues no se te puede escapar. Me he paseado por delante de su finca. Es inmensa y el jardín lo tienen impecable. La dama cambió el pie y la limpiabotas continuó con su trabajo mirándolas de vez en cuando sin que se diesen cuenta. - ¿Y es guapo? Bueno, tampoco importa demasiado si tiene la cartera llena. Ya sabes que papá apuesta demasiado y tenemos muchas deudas. Y los caballos no son nada baratos. ¿Habéis hablado del viaje de novios? La boda la pagará él, ¿no? A la hija no le dio tiempo de contestar ya que la dama miró sus pies y se levantó enfadada. - ¿Pero qué has hecho, idiota? – los zapatos estaban perfectos pero ni aún así la limpiabotas dijo nada - ¡Si ni siquiera los has limpiado! No pensarás que te voy a pagar por esto, ¿verdad? Vayámonos antes de que me los rompa esta... – abrió el parasol y giraron la cabeza indignadas. Hacía mucho calor cuando llegaron a la entrada de la finca y el abanico no daba abasto. - Pero qué bonito está todo, tiene que costar un dineral… - le susurró a su hija. La dueña de la casa salió en persona a saludarlas. - ¡Pero qué zapatos tan bonitos y limpios lleva usted! Si es que hay cada elemento por el mundo… Personas que sólo se fijan en la cartera de los demás o de las propiedades que se tiene, ¿verdad? La dama todavía tenía la boca abierta cuando le cerró la puerta en sus narices. - Ahhhh – gritó la hija montando una escena. - ¡Lo has estropeado todo! Con lo que me había costado que el idiota más rico se fijase en mí… - lloraba mientras pateaba el suelo.

martes, 6 de mayo de 2014

TENGO GANAS DE TI

Tengo ganas de ti, de té o café. Tengo ganas de ti, de moverme o permanecer quieta. Tengo ganas de ti, de contenerme o desbordarme. Tengo ganas de ti, de hablar y callar. Tengo ganas de ti, de ir y volver, de luz u oscuridad. Tengo ganas de ti, de ser o no ser. Tengo ganas de ti, de encontrarte o abandonarte. Tengo ganas de ti, cada día, cada hora. No solo en el parque, en el momento de sacar a los niños, sentadas bajo los árboles. Y observar, despacio, sosegadamente, el perfil de tu rostro apoyado suavemente en tu delicada y pálida mano. Atrapadas en estos corsés, en los que la sociedad nos condenó a vivir. Te amo y te odio, porque lo nuestro no podrá ser. Porque con tu rechazo me condené. Y ahora, no descanso en suelo sagrado. Solo vago por este parque esperando cada día, cada hora, el momento de verte aparecer

FOTO DE LA SEMANA DEL 4 AL 11 DE MAYO DE 2014

viernes, 2 de mayo de 2014

TRAS LA SENDA DE KANAÁ 2

Larga había sido la espera desde que Kanaá escapara al control de los Nanús y huyera del lago. Interminable la vigilancia de generaciones sobre las aguas de la laguna aguardando el regreso del demonio y poder librar las almas agonizantes que allí permanecían atrapadas. El poblado estaba preparado, los presagios así lo dictaban. El espíritu había regresado. Fasúm no tenía miedo, no podía tenerlo. Él era descendiente de Farup, el niño que sobrevivió junto a su hermano, y que fue culpado de la desgracia que sobrevino al pueblo. No retrocedería, se lo debía a lo que tantas descendencias de aquel chico habían sufrido. Debía limpiar el honor de su familia y esa era la noche. Por ello estaba solo en el centro del marjal, para enfrentarse al mismo mal que su antepasado, pero esta vez con la premisa de vencerlo. Una decena de canoas rodeaban la del muchacho, que permanecía expectante y alerta, para intervenir en caso necesario. Los rezos desde la orilla comenzaron como un murmullo y el agua se agitó de manera ligera. Fasúm apretó su lanza cuando el canto se elevó y con ello las vibraciones de la chalana. Los gritos de angustia de las ánimas atrapadas ensordecieron sus oídos y no escuchó nada más. Una sombra ocultó la luz de la luna y la lucha comenzó. Kanaá contempló a aquel crío y tuvo un estremecimiento. Supo que esta vez debería enfrentarse a él, pues el poder de los Nanús era superior y no podría escapar a su destino. Tomó una decisión. Cuando el demonio le atacó con desmesurada violencia Fasúm no se movió. Agarrado a su lanza se plantó encarándole sin miedo ni vacilación. Las garras de aquel ser cubrieron sus brazos de heridas que sangraban al instante, los golpes que el espectro le daba le hacían boquear por la falta de aire en sus pulmones, las embestidas que intentaban sacarle de la barca casi lograban su objetivo, pero Fasúm tenía un pundonor que rayaba el poder de los dioses, y aunque sus ataques con la pica apenas provocaban daño a Kanaá, si conseguían enervarlo. Hasta que cansado de ese baile el espíritu quiso acabar de una vez con aquel ser insignificante. Para ello pretendió ocupar su cuerpo quedando atrapado, para asombro del demonio, en el amuleto que colgaba de su pecho. La ira fue como fuego y le marcó la piel permaneciendo inamovible hasta que los rezos y cánticos cesaron. Todo había terminado. Fasúm fue un gran lider para los Nanús y sus generaciones posteriores elevaron su nombre. Kanaá no volvió a ser llamado y los ritos de madurez en el poblado fueron prohibidos. Ahora, en las noches de luna llena, no hay niebla ni gritos de horror, solo el canto de las aves nocturnas y el brillo de las estrellas. Mientras una canoa permanece en el centro del lago, inmóvil, paciente, con un portador del amuleto para vigilar que el demonio no vuelva a escapar.