domingo, 30 de marzo de 2014
JUNTAS PARA SIEMPRE
No soportaba más tu ausencia. Los años sin ti dolían demasiado y tenía tantas cosas que contarte, tantos consejos que pedirte que necesitaba verte aunque fuera un instante. Lo invoqué y le vendí mi alma a cambio de estar 2 horas contigo. Mi vida sin ti no tenía sentido, al menos ahora serviría para algo. Se presentó ante mí con un reloj y me dijo: - 2 horas es el tiempo del que dispones. Ni un segundo más. Cuando suene la alarma ella desaparecerá y tú serás mía para siempre. _¿Lo has entendido?
_Si _dije agachando la cabeza - Está todo claro.
Una puerta se abrió delante de mí en el mismo momento que me puse el reloj. Entré y allí estabas tú, sentada en un banco del parque sonriéndome. Corrí hacia ti llorando y te abracé tan fuerte que pensé que iba a partirte en dos. Teníamos muy poco tiempo así que había que aprovecharlo. Sabía que conocías todos mis pasos así que fue fácil ponerte al día con mis pensamientos e ideas. Hablamos, hablamos y hablamos y en mi cabeza solo estaba la idea de no perderte otra vez. Algo tenía que hacer así que me levanté, me quité el reloj de la muñeca, lo deposité en el suelo, cerré los ojos y lo pisé con todas mis fuerzas, si no había campanadas tú no te irías. Un gran estruendo se oyó y cuando abrí los ojos estaba de nuevo en mi habitación y, aquel despertador que tú me regalaste para mi cumpleaños, estaba hecho añicos en el suelo… solo había sido un sueño…
CRONOS
Los Señores del Tiempo no podían permitir que nadie atesorase horas, minutos, segundos. A eso sólo tenían derecho ellos y cuando aquel músico descubrió la forma de poseerlo se convirtió en uno de ellos y eso era intolerable. Preferían destruir el mundo y volver a crear uno nuevo antes que compartir su poder. Así que enviaron a uno de sus sirvientes a destruir el Reloj Supremo, el que desgranaba los momentos. Y con el último chasquido de su mecanismo se detuvo el mundo.
EL TIEMPO QUEBRADO
El tiempo se quebró y el vacío dejado se hizo enorme en el abismo infinito de una impertérrita ausencia. A un paso del olvido, de un completo y absoluto abandono, de una total y eterna indiferencia, encuentras el valor para ver más allá y contemplar tu anodina existencia.
Ahora comprendes la razón, cuando el tiempo se pierde tras tus pasos y la sombra que dejas ni siquiera es tuya, pues poco hiciste para agrandar tu figura y la oscuridad de un fin aterrador absorbe tus miedos.
Camina, asume tus errores y afronta la caída. Nada será lo mismo. Tiempo has tenido de ser lo que no eres y que ya nunca podrás ser.
Se acabó el tiempo, lánzate. El reloj ya se rompió y los minutos que pudieron ser importantes dejaron de avanzar por tu esfera. Sé lo que nunca fuiste, aquello que el miedo te quitó y por lo que perdiste el amor.
Alza la cabeza, mira al frente y salta.
viernes, 28 de marzo de 2014
DOS HORAS
Quedaban solo dos horas. Y recordaba aquellas reflexiones en las que se decían que hay minutos que parecen horas y horas que parecen minutos. El tiempo es relativo, en función de lo que esperamos, deseamos o vivimos. La felicidad adelanta el reloj, la tristeza lo hace discurrir de forma lenta hasta casi pensar que se ha detenido. ¿Qué hora sería? Volví a mirar el reloj, solo habían pasado dos minutos, aun quedaba una hora y cincuenta y ocho minutos. Mi ansiedad lo ralentizaba. Más allá de las pesadillas y de la intuición, como todo al final, es un acto de fe. Tendría que deslizar el cuchillo de lado a lado de su cuello, profundizando, rasgando la piel y su yugular, para dejar que la sangre se desbordara fuera de su cuerpo, llevándose con ella su vida, a borbotones. Así que, esperando que las agujas del reloj fueran avanzando hacia la hora final, deseaba que cuando el reloj marcara su hora fatídica el augurio se cumpliera, y que tal como se me comunicó en un sueño revelador, él volvería de entre los muertos en el momento que fuera la hora sexta, del sexto día, del sexto mes, del sexto año, después del segundo milenio, para sembrar la desolación, el caos y la muerte. Siempre y cuando que con fe realizara el sacrificio de mi primer primogénito. Para que posteriormente él pudiera renacer en mi cuerpo.
jueves, 27 de marzo de 2014
EL SALTO
Ese momento en el que las dudas te asaltan, sientes que se te amontonan los pensamientos, las manos te sudan, el pánico te invade todo el cuerpo. Han pasado meses, pero sigues teniendo frescas las cicatrices de las heridas que te tocó curar con tiempo y paciencia.
Llega ese momento, aparece él, quien poco a poco te ayuda, sientes como te reconforta, sientes que vuelves a sonreír, notas que la esperanza quiere renacer a pesar de las dificultades de las que tú eres plenamente consciente...
Una corta pregunta, pero complicada de responder: "¿Qué sientes por mí?". Se para el tiempo, te sientes insegura, vuelven tus miedos, empiezas a imaginarte que te encuentras en una gran torre, donde solo tienes dos opciones, arriesgar y saltar al vacío, o permanecer encerrada en la torre... la decisión definitiva, ¿por cual optarían? Os diré la mía... me despido de las cadenas que me apresaron un día para mantenerme segura, pero ya me cansé de mantenerme escondida, así que daré un saltito más para poder decir: "Por fin, volví a renacer".
martes, 25 de marzo de 2014
EL AMO DEL TIEMPO
Andrés paró frente el paso de peatones tirando de la mano de su padre. El hombre intentó avanzar mientras hablaba por teléfono sin atender a la petición de su hijo. El pequeño insistió en no cruzar la calle zarandeando su brazo hacía el lado contrario. Andrés no podía articular palabra alguna, era mudo y lo peor es que su padre no advertía lo que quería comunicarle.
Un camión cruzó la calle arrastrando a su paso a todos los peatones, salvo a Andrés y a su padre que se encontraba en estado de shock.
El niño resopló y luego sonrió aliviado como si se quitara mucho peso de encima.
Tiró de la mano de su padre mientras esquivaban un charco de sangre, un brazo y luego un cuerpo destrozado que aún convulsionaba.
Sólo necesitaba unos segundos, minutos... era el amo del tiempo.
LA HORA
Ha llegado. La hora. No piensa aguardar a la noche. No deja una triste nota en el buzón. Solo se lleva su paraguas. Un paraguas antiguo que le trae recuerdos de la infancia. Niñez que no dejó huella alguna en su rostro triste que apenas sonrió a lo largo de su miserable vida.
Es la hora. El momento más triste. Se lanza al vacío. Sin gritos, sin aspavientos, renunciando a continuar en una lucha imposible. Ya nada queda, ni una migaja de esperanza en su cuerpo marchito.
El paraguas se abre, el reloj se hace pedazos mientras las campanas de la iglesia tocan a muerto y ella vuela. Cierra los ojos y salta hacia la nada.
Ha desaparecido del mundo que obstruía su mente. Despierta en un sueño eterno. Allí todo es de colores, no hay sombras. Y la hora no avanza. No se mueve el tiempo. Sonríe y pliega el paraguas.
Ha llegado la hora de una nueva vida....
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