Llevaba horas inmóvil, pensando.
domingo, 3 de enero de 2016
sábado, 2 de enero de 2016
LA NIÑA DEL FARO
Cada mañana salía a
hurtadillas. Se levantaba temprano y dejando el calor de su jergón colocado junto al fogón de la
cocina. Huía del desapego, de ese vaso
de leche cruda que vomitaba. Mientras, la
familia del farero dormía en las habitaciones del piso superior, cuando se
despertaban no la echaban de menos. La
pequeña de siete años, de pelo enmarañado y mirada huidiza se deslizaba
silenciosa seguida del perro de la familia. No seguía el camino de escaleras
que unía la casa con el faro de forma segura,
subía descalza por las rocas entre los nidos de gaviotas. Sin miedo a la altura ascendía rápida la
abrupta pared. Le gustaba más ese camino, sentir como las corrientes de aire la
empujaban hacia arriba y como el aleteo de las gaviotas sobre su cabeza la despeinaba.
Contemplar ese paisaje le hacía sentirse
libre. El perro la seguía trastabillando.
No abandonaría a su compañera de juegos.
Su destino era llegar a pie del faro, y sobre una roca del saliente más alto sentarse a observar en
silencio el mar.
Desde ese punto
abarcaba toda la entrada a la ría. Permanecía
absorta e inmóvil con la mirada perdida
en el horizonte. El perro de mil
leches se tumbaba con el hocico pegado a la chiquilla y dormitaba recuperándose
de la subida. Barcos de carga, entraban
despacio, deslizándose con calma como si les doliera irse y volver. Los pequeños barcos pesqueros salían y
entraban en tropel a primera hora de la mañana y al final del día, como si la
falta de luz fuera un conjuro que pudieran hacerlos desaparecer en el mar.
Con el faro a su
espalda miraba en una orilla de la ría
el pueblo pesquero y enfrente, el puerto de descarga, dónde finalizaban las
vías de la red ferroviaria. Eran un
caótico entramado de ramificaciones llenas de vagones que esperaban su
mercancía. En el centro del laberinto había
un establecimiento que atendía a estibadores, ferroviarios y pescadores en sus
necesidades servían comida y bebida en el piso inferior. En el piso de arriba
calmaban su soledad por unos pocos billetes.
Encontraba en el
movimiento del agua del mar historias fantásticas que se desarrollaban como
películas de grandes aventuras. Los
barcos que surcaban esas aguas eran viajeros, héroes que volvían con llenos de
presentes mágicos que la acompañaban en sus horas llenas de silencios. Viajaba con ellos sobre una gran llanura de
agua que la llevaba lejos, muy lejos de aquel faro.
El día
se apagaba anunciando la hora de volver con la familia del farero, a una escudilla de
gachas en el jergón, mientras el perro se enroscaría a su lado.
Al fin y al cabo ese había sido el sitio del animal y ahora lo compartía
con ella.
miércoles, 30 de diciembre de 2015
LA ESTRELLA DEL NORTE
Yo le pedí a la Estrella del Norte que me trajera paz y tranquilidad. Y aquí estoy, aguardando a que ocurra algo. Todo se ha vuelto insípido. No pasa absolutamente nada. Ni siquiera un pajarillo se acerca a mi zona de confort. ¡Vaya aburrimiento! Y el tiempo pasa, y yo crezco y todos se van, se alejan de mi lado aburrido. Aquí, quieta, en paz y con la tranquilidad de no hacer nada.
Yo le pedí a la Estrella del Norte que me trajera paz y tranquilidad. Y la muy "zorra" le dio la vuelta a los polos de mi vida y ahora todo es absurdo a mi alrededor. Solo me queda esperarla de nuevo. Debe dar toda la vuelta a la órbita terrestre para volver a aparecer. Por las noches me siento en la hierba, apoyada en el tronco de un árbol muerto y contemplo a la única estrella que veo, a la Estrella del Sur, aburrida, muerta y sin brillo.
Pero tengo miedo a que aparezca la Estrella del Norte. Tan radical ella. A ver qué le pido yo....
FELIZ 2016 DESDE WISSLANDIA
jueves, 10 de diciembre de 2015
CRUCE
Sus ojos se humedecieron al mirar al sol poniente; al fin lo
había encontrado. Estaba ahí, frente ella, sobre aquella extraña isla; el faro
del fin del mundo. Y el paso al otro lado. A Fantasía, y a Wonderland, y a
Nuncajamás, y a Atlantis, y a Asgard, y a la Tierra Media, y a Narnia... A
todos y cada uno de los mundos que había imaginado, mientras leía.
Sin titubear, pasó sobre la valla que limitaba el paseo, y
saltó al agua, dispuesta a cruzar a nado el pequeño estrecho que separaba el
mundo real del fantástico.
—Qué lástima —comentó un pescador, al sacar su cuerpo del
agua—, era tan bella.
—Sí —dijo otro—, pero demasiado soñadora. Sus fantasías han
terminado con su vida.
—Puede que no sea así —apuntó el profesor de la villa, mirando
al horizonte—, quizás sea ahora, al dejar su forma física, cuando haya empezado
a vivir.
miércoles, 9 de diciembre de 2015
EL FAROSCOPIO
Nos domina desde la distancia. Su luz nos da calor e ilumina nuestras opacas vidas. Pero sin él no sabríamos vivir. Ha conseguido crear una idílica imagen que queda grabada en nuestras retinas húmedas por las lágrimas amargas derramadas todas las noches en nuestra soledad.
Si el faroscopio se apagara, cundiría el pánico. No quiero ni pensar en qué se convertiría este pueblo pacífico donde todos los vecinos se saludan levantando sus sombreros y sonriendo a sus vecinos.
El faroscopio me mira. Él sabe que yo sé su secreto. Lástima que sea imposible cruzar el abismo que me separa de su existencia. Me acercaría, sigilosa, reptando por el suelo helado de sus rocas, silenciosa como una serpiente venenosa. Llegaría hasta sus entrañas y apagaría sus baterías que nunca se descargan.
martes, 1 de diciembre de 2015
GNÓSI
El anciano recorrió las estanterías con la mirada, su desolación empezando a mostrarse en los ojos... ¿Se habría equivocado en su juicio? Sinceramente, lo dudaba, pero ahí seguía. Solo, en la biblioteca del conocimiento absoluto. Como los últimos miles de años...
Sabía que aquella era una raza proclive a las mentiras,
siempre lo había sido; todos sus intentos de propagar información, prensa
escrita, hablada, o visual, habían caído en la gran farsa. Incluso aquella
gigantesca red mundial de información, tan esperanzadora en su momento, se
había enredado en la telaraña de mentiras; medios de manipulación masiva,
verdades a medias, mentiras que reescribían la historia, políticas
adoctrinadoras, enciclopedias falsamente libres... Nada se salvaba.
"En fin", pensó, "nadie dijo que fuera a ser
fácil. Y aún tengo algo de fe en ellos... Aún quedan unos pocos que, con
raciocinio y escepticismo saben diferenciar la verdad de la mentira. Sí, estoy
seguro de que algún día alcanzarán el nivel necesario para llegar hasta aquí.
Ese día la humanidad habrá alcanzado la madurez. Pero aún les queda mucho
camino por delante que recorrer...".
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